lunes, 5 de octubre de 2009

Cuando el guerrero se enferma

Lidiar con la enfermedad, es una metáfora muy interesante de cómo una guerra puede ser librada dentro de una persona, y ni más ni menos este fenómeno nos lleva a concluir que Budo, y los períodos en que un ser humano carece de buena salud, están íntimamente relacionados.

A veces las personas estamos bien, gozamos de buena salud, y tal vez por eso mismo no nos damos cuenta lo que puede significar para una persona el vivir con la dolorosa incertidumbre y falta de control sobre su propio cuerpo.

La enfermedad en el ser humano nos remite a algo a lo cual las personas podemos ser muy adictas: el control.

Cuando alguien se enferma, tiene la sensación de perder el control y el balance sobre el correcto funcionamiento de su cuerpo, y esto lo afecta tanto afectiva como emocionalmente, en algún sentido. Aquello que daba por sentado, el tener un cuerpo que funciona bien, ya no está sucediendo como normalmente, y ahí surgen los temores, las inquietudes, y el deseo de vivir...o incluso de rendirse.

Existen muchas teorías de porqué la gente se enferma, desde las más convencionales por parte de la medicina alopática, hasta las más radicales y revolucionarias de la new age, donde se presupone que la enfermedad está originada en un desbalance primero en el alma de la persona, y después en el cuerpo.

En mi experiencia, me han dicho de todo...desde un médico que me dijo "sos un CUC" (confundió mi identidad como ser humano con el síntoma que poseo), hasta un instructor de artes marciales de alto grado y prestigio, que me dijo que yo estaba enfermo por culpa mía, exclusivamente.

La respuesta más humilde y honesta la obtuve de parte de un par de médicos de la medicina "convencional", tan vapuleada en nuestros días por diversos intereses, como los de las grandes farmacéuticas, por ejemplo.

Me han dicho: "no tenemos la más mínima idea de porqué usted está enfermo, ni porqué la gente se enferma".

Al principio, como buen ser humano adicto al control, y a buscarle una razón y explicación a todo, me sentí pésimo, enojado...quería encontrar una razón, tal vez así conseguiría la cura tan preciada.

En mi experiencia con la enfermedad, me resultaría extremadamente difícil decirle a un paciente con cáncer terminal, "usted está enfermo porque quiere, cúrese  a si mismo", o a un padre que perdió a su hijo de dos años por causa de un mal genético, "en realidad su hijo tenía una misión en esta vida y ésta era enfermarse para aprender algo con ella, debería regocijarse pues está con los angelitos en el cielo".

Creo que hay que tener un poco de respeto y humildad, y saber cual es el momento apropiado para bajar las revoluciones con las teorías yo-lo-sé-todo-porque-Diossssssss-es-mi-guía, y callar cuando es apropiado, y no se tiene nada útil para decir. 

La verdad, es muy probable que ni siquiera exista una razón para enfermarse: simplemente pasa y punto. En ciertas circunstancias específicas, dejar de buscar razones para los fenómenos es el primer paso para aprender a lidiar con ellos.

A mi me maravillan los seres humanos, que ante la adversidad, se levantan y salen adelante, caso Stephen Hawkins, Cristopher Reeve, o Freddy Mercury.

Alguno dirá "hey...pero tanto Reeve como Mercury se murieron de sus problemas físicos"

Y si...pero vivieron dignamente hasta el último de sus días. Enfrentaron con gran coraje la adversidad, y dejaron un legado importante con ello. Y sino, recuerden la canción, "Show must go on", del gran maestro Mercury.

Lo cierto es que es posible que nunca llegue a controlar del todo su enfermedad, el que todos terminamos muriendo algún día, es un hecho democrático que nos iguala al final del camino, pero si puede controlar el cómo la lleva, y como vive con ella.

Existen personas que ante la adversidad, se ponen mezquinas, pequeñas. Sólo piensan para sí, y destilan frustración que descargan groseramente en otras personas, a quienes indirectamente culpan por su situación, o envidian por su buena salud. 

Existen a su vez personas que ante la adversidad, eligen trabajar, y sacar lo mejor de si, hasta la última gota de vida.

En realidad, lo normal es alternar humanamente entre estos polos...todos tenemos nuestros momentos de mezquindad y grandeza. Pero podemos elegir hacia dónde ir con ello, podemos elegir mejorar como personas, mientras la adversidad golpea.

Ahí es donde la persona tiene poder, tal vez jamás sepa porqué en definitiva le tocó, tal vez de hecho jamás existió una razón específica, pero cada día que se levantó medio molido y sintiéndose mal, sabe que puede mirar de frente al mundo sin temerle a nada que no sea el rendirse ante los obstáculos que se le presenten.

Insistir, seguir adelante, perseverar, y si le toca morir, pasarle la posta a otro para que lo que ha iniciado, siga a su vez firme en el corazón de sus compañeros de viaje.

Y encima, hacerlo con una sonrisa.

Se decía que el samurai debía aceptar la muerte, pero ésto no significa rendirse a ella pasivamente, de un modo fatalista. Ese ha sido un malentendido bastante común, significa aceptar que ésta está ahí, y puede sorprendernos a cualquier momento, pero no por ello, dejar de seguir caminando en el propio sendero.

Este es el legado del guerrero, cuando debe lidiar con la enfermedad.